Fallout Shelter: matando el tiempo a la espera de Fallout 4

 

67786_27_1No suelo utilizar mi móvil para jugar. Para eso ya tengo el ordenador (en el que me he dejado mis buenos dineros, para que vamos a mentir). Si quisiera jugar en una pantalla pequeña y con poca definición, ya volvería a conectar mi viejo monitor de tubo, de esos que ocupaban media mesa y tenían la pantalla de cristal convexo. O eso era lo que pensaba hasta ahora.

Para mi cambio de mentalidad habría que remontarnos al E3 de este año. Ese E3 que nos ha hecho volver a ilusionarnos a la gente que era gamer antes de que se acuñase el término (cuando éramos simples “viciados”). Ese E3 cuajado de novedades, aunque sean secuelas de una franquicia, en un mundillo que últimamente me daba la sensación que sobrevivía de remasterizaciones y “ediciones definitivas” que no lo eran.

En el E3, como buen fanático de la saga, y a falta de un símil más explícito (todo sea por el buen gusto), se me hizo la boca agua con el nuevo Fallout. Que si vertibirds con chófer, que si servoarmaduras a lo mecha, que si armas modulares… incluso lo que me pareció un combo entre un Minecraft postapocaliptico y un Los Sims chabolista mezclados en un sistema de creación de asentamientos.

Imágenes de Fallout 4 tomadas de es.ign.com . No podemos esperar a jugar con el perrete.

Imágenes de Fallout 4 tomadas de es.ign.com . No podemos esperar a jugar con el perrete.

Pero no he venido a hablar del Fallout 4, que para eso no hace falta extenderse en un artículo porque basta con la imagen de “shut up and take my money”. Y os lo dice una persona que ha reservado la edición especial esa que te trae una carcasa de móvil poco práctica y, no contento con ello, también ha reservado la guía del juego en edición especial. Porque cuando Jonh Henry Eden se aficiona a un juego, lo hace hasta el final, al estilo americano.

Pero me estoy yendo del tema. Fallout Shelter, ¿merece la pena? Bueno, por lo menos es gratis, así que no cuesta nada bajártelo y probarlo unos días a ver si te gusta.  Yo, personalmente, definiría el juego como un “tamagotchi nuclear”: la mecánica en la misma, solo que este tamagotchi no caga ni pide que juegues con él, pero a cambio te pide tres recursos esenciales (comida, agua y electricidad) para que todo funcione como es debido.

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La cola del paro en el yermo.

Pero no es suficiente con crear el ecosistema subterráneo perfecto, asignando a los moradores de tu refugio según sus habilidades a las distintas habitaciones (los que tienen más fuerza, por ejemplo, generan más electricidad mientras que los que tienen una agilidad alta crean más comida). Te vendrán ataques de saqueadores, mutarachas, ratas topo y, Dios no lo quiera, sanguinarios. Porque en Fallout Shelter esos bichos pegan fuerte y hacen honor a su nombre.

También hay mecánicas periféricas, como la capacidad de enviar moradores de excursión al Yermo para que recojan objetos y chapas, o el medidor de felicidad para marcar lo productivo que será cada morador. Por ahora no tiene multijugador, pero los piques entre amigos “a ver quién tiene mejor refugio” es el pan de cada día.

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Es un juego sólido, con una mecánica sencilla que se entiende fácil y que te atrapa en un primer momento, aunque es verdad que cuando llevas un tiempo jugando y ya tienes un refugio eficiente y protegido se puede hacer monótono porque pierde esa sensación de progreso que tienes al principio que sientes al ir construyendo salas nuevas y viendo cómo se expande tu refugio inicial. Pero eso sucede a todos los juegos a la larga, supongo.

Ahora lo que todos queremos saber: micropagos. Si, efectivamente, Fallout Shelter incluye micropagos en forma de robots Mr. Handy y fiambreras.  Y los primeros son mucho más recomendables que las segundas, porque esos robotitos te hacen la vida mucho más fácil al recoger los recursos automáticamente. Lo cual significa que se acabó lo de irte a dormir con el refugio perfecto y despertarte con un puñado de emos deprimidos, irradiados y preguntándose por qué nadie retira los cadáveres de sus compañeros muertos en la última incursión de saqueadores que ha ocurrido mientras tu soñabas con cosas bonitas.

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Y hablando de micropagos, es curioso que este juego no sea un “pay to win” y que precisamente el comprar fiambreras con dinero real pueda llegar a arruinarte la experiencia de juego. Como ya he dicho, es un juego en el que disfrutas recorriendo el camino al éxito, sin un objetivo marcado más allá de las pequeñas misiones que te van dando para amenizarte el progreso. Además nadie te asegura que las cuatro cartas que vienen en las fiambreras sean canea en rama, porque las posibilidades de que te toquen cosas normales son tremendamente altas, aunque en todas fiambreras habrá por lo menos una carta rara).

Si lo que quieres es experimentar la sensación de abrir un montón de fiambreras, te aconsejo que pases de movidas raras de hacer root en el móvil y te descargues una de los muchos savegames que hay por internet. Los he visto con 1000 fiambreras  y un centenar de Mr. Handys por abrir. Y os habla una persona que nada más empezar se compró un pack de 5 de cada cosa, así que hacedme caso: es un juego en el que no merece la pena pagar por conseguir más cosas porque las puedes tener gratis mediante el progreso del juego o mediante savegames modificados. De esta forma al comprar las fiambreras realmente estas comprando tiempo (y diciendo “soy un puto impaciente, dame el MIRV experimental ¡YA!”).

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Mi chabolo subterraneo

Además, si te dejas unos pavetes chetándote el refugio, no tendrás la angustiosa sensación de que un amigo te diga “ah, pues los sanguinarios ya deben estar al caer en tu partida” (y posteriormente equipar con cualquier cosa que no sean sus puños desnudos a tus moradores). Incluso una carabina (que hace 0-1 daño, lo mismo que los puños, pero por lo menos los ves equipados con algo que hace “pum, pum”) es un arma válida para hacerte creer que estás a salvo de un enemigo tan patético como las mutarachas (las cuales parecen potenciadas con esteroides, todo sea dicho).

Por todo ello, Fallout Shelter es un juego que recompensa la paciencia. Estarás consiguiendo cosas bonitas periódicamente al cumplir las pequeñas misiones que te encargan (normalmente una cada par de días jugados) y, junto con la sensación de ver crecer tu refugio, creando una percepción de progreso. Por no hablar de lo jodidamente monos que son los muñecos con esas sonrisas bobaliconas y frases carismáticas, que hacen que cuando los dejo morir me sienta como un monstruo.

En definitiva, Fallout Shelter es un juego que engancha, aunque sea metadona con la que hacer más corta la espera para la salida del Fallout 4.

Lord Timothy Worsworth-Moriarty III

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