Rebelión en Rapture

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¨Soy Andrew Ryan y estoy aquí para haceros una pregunta. ¿No tiene derecho el hombre al sudor de su frente? ‘No’, dice el hombre de Washington, ‘le pertenece a los pobres’. ‘No’, dice el hombre del Vaticano, ‘le pertenece a Dios’. ‘No’, dice el hombre de Moscú, ‘le pertenece a todos’. Yo rechacé esas respuestas. En su lugar, elegí algo diferente. Elegí lo imposible. Elegí Rapture. Una ciudad donde el artista no tema al censor, donde el científico no esté atado a la moralidad mezquina, donde los grandes no sean limitados por los pequeños. Y con el sudor de vuestra frente, Rapture puede convertirse también en vuestra ciudad¨

De esta manera nos daba la bienvenida Andrew Ryan a la ciudad submarina de Rapture durante la introducción de uno de los mejores juegos de la década pasada: Bioshock. Los desarrolladores de Irrational Games tomaron el sistema FPS con elementos de rol de System Shock, una de sus creaciones anteriores, y las mezclaron con una fórmula narrativa que facilitara la inmersión del jugador en la historia, como es el no valerse de vídeos ni animaciones, sino permaneciendo siempre en la perspectiva del protagonista e incluyendo el avance de la trama en el mismo gameplay (algo típico de Half Life, por ejemplo). El resultado fue un shooter que sorprendió gratamente a quienes estábamos ya para ese entonces quedando hastiados de los FPS de rigor. Felizmente, esos tiempos ya quedaron atrás.

Ni dioses, ni reyes. Sólo Ryan.

Ni dioses, ni reyes. Sólo Ryan.

Pero Bioshock no sólo exploraba terreno extraño en el aspecto técnico, sino también en el literario. Porque, por más creativa que nos haya parecido la premisa de Rapture y todo lo que sucede allí, Irrational Games basó gran parte de esta premisa mayormente en dos fuentes, una más obvia que la otra pero ambas igual de importantes. La primera es, por supuesto, el mito de la Atlántida, la isla poblada por gentes tecnológicamente avanzadas descrita por Platón en una de sus alegorías, cuya hubris provocó que los dioses la sumergieran al fondo del mar. Aquí vamos a centrarnos en la menos conocida; una novela publicada en 1957 y reverenciada en algunos círculos, que incluso ha llegado a convertirse en un manual de vida para capullos y cabrones de alrededor del mundo: La rebelión de Atlas.

¨¡Hey!¨ estarán diciendo algunos, ¨La rebelión de Atlas me enseñó el valor del individualismo y a basar mis decisiones en la razón y lo que es bueno para mí¨. Vale, pero eso no te quita lo capullo ni lo cabrón. Sólo pregúntale a los seres queridos que todavía no te han abandonado. La autora del libro es la filósofa Ayn Rand, fundadora del objetivismo, que utilizó su carrera literaria para promocionar esta filosofía. Es de notar el parecido de su nombre con el de Andrew Ryan, uno de los personajes principales de Bioshock, aunque eso no es todo lo que tienen en común. Ken Levine, director de Bioshock y Bioshock Infinite, se basó en la biografía de Rand para explicar los orígenes de Andrew Ryan, que víctima de las expropiaciones soviéticas emigró a los Estados Unidos, donde también quedó desencantado por el capitalismo fuertemente regulado de la América post New Deal. La diferencia, claro está, fue que a Ryan se le fue la pinza y se mandó a mudar al fondo del mar, mientras que Rand simplemente plasmó todo su desencanto en sus libros.

Ayn Rand. Sombrero objetivista se vende por separado (como debe ser, ¡parásitos!).

Ayn Rand. Sombrero objetivista se vende por separado (como debe ser, ¡parásitos!).

En general, las obras de Ayn Rand le sirvieron de vehículo para promocionar su filosofía objetivista. Rand rechazaba la idea de sociedad y de comunidad, y cualquier cosa que requiriera altruismo. En vez de esto, proponía que había que valerse de la razón y de lo que llamaba el ¨egoísmo heroico¨, abandonar el sacrificio y todo pensamiento emocional que no lleve a actuar para el beneficio propio, ya que eso es incompatible con la razón, y vivir siempre teniéndose a sí mismo como principal objetivo. Esto, claro está, caló con cierto tipo de gente, mayormente rica y poderosa, que vio en la filosofía de Rand una justificación de su egoísmo y de su tipo de capitalismo favorito, el laissez-faire. Para la estrictamente atea Rand, el mercado era sacrosanto, obstruirlo con el subjetivismo de la moral era obstruir su verdadero potencial y el verdadero potencial del individuo.

En La rebelión de Atlas se ven aplicados todos estos principios. El protagonista es John Galt. Como es común en los libros de Rand, es un hombre emprendedor, genial y ambicioso, pero obstaculizado por un gobierno cuasi totalitario que le impide desarrollar su verdadero potencial y ganar más dinero del que ya gana, porque se lo quitan y lo utilizan para dárselo a los pobres, los necesitados y demás ¨parásitos¨. Galt decide enseñarle una lección a este gobierno que le obliga a ser altruista y convence al resto de genios creativos del país a mudarse con él a una comunidad escondida del resto del mundo (por un campo de fuerza invisible, nada menos) llamada Galt’s Gulch. Así, sin la fuerza creadora de estos emprendedores, el mundo exterior colapsa, pero no sin antes haber recibido un extensísimo sermón radiofónico de Galt (50 infumables páginas del libro) en el que explica el objetivismo. El prota de la novela de Rand se convirtió en el héroe de miles de brokers en Wall Street y otros niñatos engreídos que se creen con derecho a todo lo que todavía no es suyo. Gracias, John Galt.

¨Greed is good¨

¨Greed is good¨

Mutatis mutandis, es obvia la comparación de la novela de Rand con la premisa de Bioshock: una comunidad creada para que ¨lo mejor de lo mejor¨ entre los seres humanos puedan vivir en libertad, sin las restricciones del mundo exterior. Bioshock, claro está, va más allá y muestra lo que sería incuestionablemente el futuro de una utopía de estas características, donde todo el mundo es un gilipollas egoísta. Es por ello que lo que el protagonista del juego se encuentra al llegar a Rapture es una ciudad destruida por la guerra civil, cuyos habitantes han quedado desfigurados física y psicológicamente fruto de experimentos científicos amorales, y cuyos líderes no tienen problemas en pisotear a quien sea para alcanzar sus objetivos.

Ayn Rand rechazaba las emociones frente a la razón, sin entender que ambos se complementan y son lo que nos hace humanos. Al final, al igual que las emociones se interpusieron en el nido de víboras que creó Andrew Ryan, también lo hicieron en la vida de la filósofa. Rand y su amante extramarital Nathaniel Branden fundaron un instituto objetivista desde el cual extenderían sus ideas. Sin embargo, el individualismo y ferviente deseo de libertad de Branden le hicieron buscar afecto en mujeres más jóvenes que Rand y ésta, enfurecida, terminó su relación con él y mandó destruir todo vestigio de su creciente imperio objetivista. Irónicamente, los dioses también castigaron a Ayn Rand por su hubris y la filósofa acabó su vida como uno de aquellos ¨parásitos¨ a los que tanto odiaba: enferma de cáncer de pulmón y cobrando asistencia del gobierno. Su filosofía, sin embargo, no murió con ella y es aún hoy altamente popular, casi un objeto de culto, no sólo entre los Gordon Gekkos y Patrick Batemans de la vida real, sino también entre muchos políticos y autoridades.

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2 comentarios en “Rebelión en Rapture

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